Reconocen curación milagrosa de Jack Traynor en Lourdes como la 71ª atribuida a la Virgen

El testimonio de una sanación extraordinaria

En 1944, el Padre Patrick O’Connor, sacerdote irlandés de la Sociedad Misionera de San Columbano, publicó «Yo conocí un milagro: la historia de John Traynor», documento que recoge el relato detallado de la curación milagrosa ocurrida en el Santuario de Lourdes en 1923. Recientemente, el Arzobispo de Liverpool, Mons. Malcom McMahon, ha declarado oficialmente esta curación como milagrosa, reconociéndola como la 71ª atribuida a la intercesión de la Virgen de Lourdes.

Un hombre marcado por la guerra

Jack Traynor, nacido en Liverpool alrededor de 1883, sufrió graves heridas durante su participación en la Primera Guerra Mundial. Movilizado al conflicto, recibió múltiples impactos que dejaron secuelas devastadoras: un primer impacto de metralla lo mantuvo inconsciente durante cinco semanas, y posteriormente, durante una carga de bayonetas en Gallipoli el 8 de mayo de 1915, recibió catorce disparos de ametralladora en la cabeza, pecho y brazo derecho. Las intervenciones médicas resultaron infructuosas -incluyendo tres operaciones para coser los nervios del brazo y una cuarta para tratar la epilepsia que desarrolló-, dejándolo con un agujero en el cráneo cubierto por una placa de plata, ataques epilépticos diarios, parálisis parcial en las piernas y tres heridas abiertas permanentes.

La peregrinación contra todo pronóstico

Pese a su estado crítico y las advertencias de quienes le rodeaban -incluido un sacerdote que le advirtió «morirás en el camino»-, Traynor mantuvo su determinación de peregrinar a Lourdes. Con una devoción mariana heredada de su madre, vendió pertenencias familiares y su esposa empeñó sus joyas para financiar el viaje. El trayecto en 1923 resultó extremadamente difícil, con intentos de hospitalizarlo en tres ocasiones durante el recorrido por Francia. Al llegar al santuario el 22 de julio, su estado era tan grave que una mujer escribió a su esposa advirtiendo que «no habría esperanza» y que sería enterrado en Lourdes.

El momento de la sanación

Durante su estancia, Traynor se bañó nueve veces en las piscinas del manantial y participó en las devociones para enfermos. El punto culminante ocurrió durante la procesión del Santísimo Sacramento, cuando el Cardenal Louis Henri Joseph Luçon de Reims bendijo a los peregrinos. «Acababa de pasar cuando me di cuenta de que se había producido un gran cambio en mí. Mi brazo derecho, que estaba muerto desde 1915, se agitó violentamente. Rompí sus vendas y me persigné, por primera vez en años», relató Traynor. Simultáneamente, recuperó el uso de sus piernas paralizadas y sanaron sus heridas abiertas. Los exámenes médicos posteriores confirmaron la recuperación completa de la movilidad en brazos y piernas, la desaparición de la epilepsia y el cierre significativo del agujero craneal.

Vida renovada y legado espiritual

Tras su curación, Traynor volvió a Liverpool donde se dedicó al transporte de carbón, cargando sacos de 90 kilos sin dificultad. Tuvo tres hijos más después de 1923, llamando Bernadette a una de sus hijas en honor a la vidente de Lourdes. Su testimonio contribuyó a la conversión de las dos hermanas protestantes que le cuidaron durante su peregrinación. Hasta su fallecimiento en 1943, víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, Traynor regresó regularmente a Lourdes como voluntario, manteniendo viva la memoria de su experiencia milagrosa que continúa inspirando a peregrinos ocho décadas después.

Fuente original: www.aciprensa.com (publicado el 12 de diciembre de 2024)

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