El cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, afirmó que «si queremos comprender algo de este mundo, debemos volver a poner en el centro la cuestión religiosa». Lo dijo durante un debate con el embajador Giampiero Massolo, moderado por el periodista Massimo Franco, celebrado en la Embajada de Italia ante la Santa Sede en el marco de la XVII edición del Festival de la Diplomacia.
Gugerotti subrayó que el problema es también cultural: «El horizonte no solo de los análisis, sino incluso de los libros de texto, se ha reducido ya a los últimos treinta años: ya no estudiamos historia. Y por eso no le damos la importancia que merece al factor religioso». Según el cardenal, la cuestión religiosa «sigue representando un componente fundamental de la identidad global y, sobre todo, de ciertos pueblos». Como ejemplos, mencionó las tensiones en Tierra Santa, donde conviven con dificultades las tres grandes religiones monoteístas, y la historia de los países de la antigua Unión Soviética, donde ni siquiera décadas de ateísmo de Estado lograron borrar el tejido eclesiástico y la experiencia religiosa.
El prefecto también se refirió al estilo de la diplomacia pontificia, caracterizada «sobre todo por gestos discretos, silenciosos e intervenciones alejadas de los focos». Recordó las llamadas telefónicas de los Pontífices a los jefes de Estado, que «tienen como objetivo principal transmitir un mensaje a las poblaciones para que comprendan que no están solas». Según Gugerotti, el riesgo de pasar por alto estos aspectos no es tanto el ateísmo como la indiferencia hacia una dimensión que ha influido y sigue influyendo profundamente en el orden mundial.
El embajador Massolo planteó una pregunta distinta: «hay que preguntarse hasta qué punto el factor religioso, sin duda importante, se incorpora, sin embargo, al proceso de síntesis que llevan a cabo los gobiernos para tomar decisiones políticas». Añadió que, «a la hora de elegir, los Estados tienden a anteponer el principio de la seguridad a cualquier otro». Massolo relacionó esta lógica con la decisión rusa de invadir Ucrania, con la voluntad europea de impedir una victoria contundente de Moscú y con el lema «America First» del presidente de EE. UU., Donald Trump.
El debate se amplió al desorden internacional. Massolo describió un sistema estructurado en dos niveles. En primer plano situó a Estados Unidos y China, junto con una Rusia que, aunque no tiene la misma fuerza económica que las dos superpotencias, conserva el peso decisivo de su arsenal nuclear. Según Massolo, «se trata de tres potencias que no quieren enfrentarse, sino que, por el contrario, están interesadas en preservar cierta compatibilidad estratégica, evitando que las crisis locales se agraven hasta provocar un enfrentamiento global. La palabra clave es compatibilidad con ventajas económicas». Mencionó que de la última reunión entre Donald Trump y el presidente chino, Xi Jinping, surgió el término «estabilidad estratégica constructiva».
En los niveles inferiores, continuó Massolo, «se multiplican los conflictos, reina el caos: las guerras no terminan, se lucha sin alcanzar la paz. Como mucho, hay un armisticio, se alcanza un equilibrio: nada más». En este punto, sostuvo que una estructura como la europea cruje: «La UE ha construido buena parte de su influencia sobre la capacidad de elaborar y exportar normas, pero hoy en día esas mismas normas se aplican de forma selectiva. La fuerza normativa europea corre así el riesgo de convertirse en un elemento de debilidad. Y la geometría variable parece una de las pocas vías viables, sin ofrecer, sin embargo, un horizonte tranquilizador».
Contexto y relevancia
El encuentro, celebrado en el marco del Festival de la Diplomacia, abordó la relación entre la cuestión religiosa y las prioridades de los gobiernos basadas en la seguridad y los intereses nacionales. Las preguntas finales del debate —cómo interpretar las guerras conciliando la dimensión religiosa con esas prioridades y qué margen queda para la diplomacia en un sistema donde las normas parecen perder importancia— quedaron planteadas como interrogantes abiertos. La intervención de Gugerotti insistió en que la indiferencia hacia la religión, más que el ateísmo, es el riesgo principal para comprender el orden mundial, mientras que Massolo aportó la perspectiva de los Estados y su inclinación a priorizar la seguridad.
Fuente original: www.vaticannews.va (publicado el 22 de octubre de 2026)




