El Papa León XIV recibió este lunes en el Vaticano a los sacerdotes, religiosas y religiosos coreanos residentes en Roma, a quienes dirigió un mensaje centrado en la memoria de los mártires, la esperanza y la reconciliación. Durante el encuentro, el Pontífice destacó que la Iglesia en Corea ha crecido gracias al testimonio de los mártires y los exhortó a ser “custodios de la memoria, testigos de la esperanza y artesanos de la paz”. Asimismo, los invitó a seguir preparando “con pasión” la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027.
El Papa comenzó su discurso recordando el lugar donde se encontraba: “Aquí, en el lugar donde se conserva la memoria de los apóstoles Pedro y Pablo, la fe que recibieron en Corea encuentra sus raíces y puede recibir un nuevo impulso misionero. Vienen de lejos, es cierto, pero aquí están en casa”. En la audiencia, saludó de manera especial a quienes trabajan en la preparación de la JMJ de Seúl 2027 y conmemoró el vigésimo quinto aniversario de la inauguración de la sede del Pontificio Colegio Coreano, expresando su gratitud por el servicio prestado a la Iglesia en Corea y a la Iglesia universal.
León XIV subrayó la singularidad de la historia de la Iglesia coreana, señalando que la fe germinó “espontáneamente” y se desarrolló “a través de la búsqueda sincera de la verdad por parte de hombres que conocieron los textos cristianos y quisieron saber más sobre Jesucristo”. De esa búsqueda surgió el deseo del Bautismo y, de allí, una comunidad que recordaba a la Iglesia de los orígenes. El Pontífice resumió esta historia en dos palabras: memoria y esperanza. Explicó que la memoria cristiana “no es nostalgia, sino gratitud por lo que Dios ha hecho y responsabilidad por lo que Él nos confía hoy”, mientras que la esperanza “no es mero optimismo, sino la certeza de que Cristo resucitó y de que ninguna oscuridad puede tener la última palabra”.
El Papa destacó que “la Iglesia en Corea ha crecido gracias al testimonio de los mártires” y elogió la fortaleza del pueblo coreano, que “ha atravesado persecuciones, guerras, pobreza y divisiones, sabiendo levantarse y mirar hacia adelante”. Iluminada por el Evangelio, esa tenacidad se ha convertido en fortaleza cristiana, “la capacidad de atravesar las pruebas sin perder la esperanza y sin permitir que el sufrimiento endurezca el corazón”. En este contexto, recordó al Venerable Tomás Choe Yang-Eop, segundo sacerdote de la historia de Corea, conocido como el “mártir del sudor”, quien durante once años recorrió incansablemente los caminos del país “para llegar a comunidades cristianas lejanas y escondidas, llevándoles la Palabra de Dios y los Sacramentos, hasta consumir su vida en el servicio”.
“Custodiar la memoria de los mártires significa permitir que su fe siga viva en nuestras decisiones, en el servicio, en el perdón y en la entrega de nosotros mismos”, afirmó el Pontífice. Señaló que existe el martirio de quien ofrece su vida en un instante y aquel, más escondido, de quien la entrega día tras día, y recalcó que todos los cristianos están llamados a “entregar la vida con amor, cada día”. Añadió que “nuestro tiempo necesita precisamente esto: hombres y mujeres que tengan el valor de hacer el bien incluso cuando les cueste”.
En este sentido, exhortó a hacerse prójimos de “quienes están solos”, a apoyar a “quienes están cansados” y a buscar a “quienes se han alejado”, teniendo “el valor de perdonar, de volver a empezar y de dialogar”. Recordó que “el bien no siempre se reconoce y a menudo cuesta esfuerzo, pero es este valor cotidiano de la caridad lo que hace creíble nuestro anuncio del Evangelio”. La fuerza para vivir así, dijo, proviene de la amistad con Jesucristo, quien dijo a sus discípulos: “Los he llamado amigos”. Invitó a cuidar esa amistad alimentándola en la Eucaristía, en la escucha de la Palabra, en la oración y en el silencio ante el Señor, pues “es al estar con Él que redescubrimos la alegría de nuestra vocación y aprendemos a amar como Él”.
El Papa también se refirió a la fraternidad y a la sinodalidad, invitando a los presentes, provenientes de diferentes diócesis, institutos, congregaciones y experiencias, a hacer de esa diversidad un recurso para la sinodalidad. “Una Iglesia sinodal es una Iglesia que camina unida tras el mismo Señor, escuchando, acogiendo y reconociendo en el otro a un hermano y un compañero de camino, nunca a un competidor”, subrayó.
Contexto y relevancia
Al pensar en la península coreana, que “aún lleva la dolorosa herida de la división”, León XIV pidió a los sacerdotes y religiosos que sean “siempre hombres y mujeres de reconciliación”. Explicó que “la paz comienza en el corazón y en las relaciones cotidianas, cuando escuchamos en lugar de juzgar, perdonamos en lugar de guardar rencor, elegimos la comunión en lugar de la confrontación”. Los invitó a mantenerse unidos y a ser “artesanos de la paz”, y a seguir esforzándose y orando “para que se abran nuevos caminos de encuentro y para que el Evangelio de la paz pueda ser anunciado libremente en cada rincón de la península coreana y del mundo”.
El Pontífice recordó que “Corea, que en otro tiempo fue tierra de misión, se ha convertido hoy en patria de misioneros”, y destacó que la próxima Jornada Mundial de la Juventud hará visible esto, pues jóvenes de todas partes del mundo llegarán a “una tierra donde el Evangelio ha crecido gracias al testimonio de los mártires”. “Me gustaría que fuera un gran encuentro entre la memoria y el futuro: los mártires entregan la fe a las nuevas generaciones y los jóvenes la reciben para llevarla por los caminos del mundo”, expresó. Pidió escuchar a los jóvenes, caminar con ellos y ayudarlos a descubrir que “seguir a Cristo no limita la libertad, sino que la colma” y que “la fe no restringe la vida, sino que le abre un horizonte más amplio”.
El Papa concluyó invitando a seguir preparando la JMJ “con pasión” y, en este mes dedicado al Santo Rosario, encomendó a la Virgen María Inmaculada, Patrona de Corea, junto con el camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud, pidiendo a San Andrés Kim Tae-gon, a San Pablo Chong Ha-sang y a todos los santos y beatos mártires coreanos que los acompañen y los hagan “custodios de la memoria, testigos de la esperanza y artesanos de la paz”.
Fuente original: www.vaticannews.va (publicado el 5 de octubre de 2026)




