El milagro que cambió todo
En el proceso de beatificación católica, la demostración de un milagro atribuido a la intercesión del candidato constituye un elemento fundamental e indispensable. Este requisito canónico encontró su cumplimiento en la extraordinaria curación ocurrida en octubre de 1910, apenas unos meses después del fallecimiento de Camille Costa de Beauregard, cuando un joven huérfano de la región de Bocage sufrió una grave lesión ocular que ponía en riesgo permanente su capacidad visual.
La desesperación médica y la intervención divina
Pese a recibir tratamiento médico convencional, la herida en el ojo del niño no mostraba signos de mejoría y la situación se tornaba cada vez más crítica. Frente a este panorama desolador, la comunidad local de Bocage decidió recurrir a la intercesión de Camille Costa mediante la práctica de una novena, una devoción tradicional católica que consiste en nueve días de oración continua para solicitar gracias divinas. Como parte de este acto de fe, los fieles utilizaron una prenda que había pertenecido al religioso para confeccionar un vendaje que se aplicó directamente sobre el ojo afectado.
La curación inexplicable
El noveno y último día de la novena, ocurrió lo que la medicina no podía explicar: el ojo del niño sanó completamente, sin dejar secuelas y recuperando plenamente la visión. Los especialistas que posteriormente analizaron el caso no encontraron justificación científica plausible para esta recuperación instantánea y total. Este evento, documentado meticulosamente por las autoridades eclesiásticas, se convirtió en el milagro oficialmente reconocido por la Santa Sede que permitió avanzar en el proceso de beatificación de Camille Costa de Beauregard, confirmando así su reputación de santidad y su capacidad de intercesión ante Dios.
Fuente original: lessorsavoyard.lemessager.fr (publicado el 16 de mayo de 2025)
Foto: Josh Applegate en Unsplash





