La peregrinación anual al santuario de la Virgen María más visitado del mundo atrae a millones de fieles desde las zonas rurales de México hasta la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en una colina de la Ciudad de México. Este año, se esperaba que 13 millones de personas realizaran el viaje para la festividad del 12 de diciembre, muchas de ellas empleando medios tradicionales: a pie por pasos de montaña, en bicicleta por carreteras secundarias, apiñadas en camiones decorados con guirnaldas o de rodillas en el tramo final. En la basílica, los peregrinos se agolpan en una pasarela móvil frente a una imagen de la Virgen María de casi 500 años de antigüedad, enmarcada en plata y oro, que se ha convertido en un emblema nacional.
La mirada del fotógrafo
El fotógrafo venezolano Kike Arnal, autor de la serie para National Geographic, se enfoca en los rostros emocionados de los peregrinos. “Me interesa mucho fotografiar rostros emocionados”, explica. “Todo este proyecto surgió porque me conmovió profundamente cuando fui a la basílica y vi a la gente contemplando el cuadro de la Virgen, lo emocionados que estaban, cómo lloraban… Fue muy impactante”. A lo largo de decenas de kilómetros, desde el estado de Puebla, los peregrinos —desde bebés hasta ancianos— desgastan sus zapatos, duermen al aire libre sobre la tierra helada, cargan pesadas estatuas de la Virgen de Guadalupe y corren descalzos con antorchas. Sin embargo, la peregrinación también se revela como un evento social meticulosamente planeado, con grupos de amigos, familias y comunidades enteras coordinando su viaje.
Organización y peligros
Arnal documentó escenas en Llano Grande, donde los peregrinos, vestidos con chándales naranja óxido, se reúnen en bicicleta antes de partir tras almorzar tacos de carne. “Se organizan en grupos en los pueblos y en las comunidades. Alquilan autobuses, camiones para transportar la comida, traen cocineros. Está todo muy organizado”, señala el fotógrafo. Para los fieles, los días de viaje son tan importantes como la llegada a la basílica. Arnal caminó con ellos desde San Martín Texmelucan hasta Ixtapaluca, en las afueras de la Ciudad de México, donde se incorporan a una autopista activa. “Es extremadamente peligroso, una guillotina. Hay algo de loco en ello, como una fe ciega”, comenta. Para ganarse su confianza, Arnal comparte detalles de su propia vida y pregunta: ¿por qué?
Raíces históricas y fe personal
La tradición se remonta a 1531, cuando, según la leyenda, la Virgen de Guadalupe se apareció ante Juan Diego en el cerro del Tepeyac y pidió que se construyera una capilla en su honor, dejando su imagen impresa en el manto del devoto. Hoy, muchos realizan la peregrinación como parte de una manda o voto, para pedir curación o prosperidad, o para agradecer. Sergio Zamarrepa Pérez, quien empujaba a su hijo de cuatro años en un cochecito decorado con guirnaldas, explicó que el niño nació con pie zambo y que la familia ha hecho la caminata durante su tratamiento como parte de un deseo de curación. “Todo esto es por amor a él. Nos sentimos más tranquilos. Esperamos que crezca bien y sea feliz”, afirmó. “Y porque nos gusta, porque son nuestras costumbres. Nos gusta pasar tiempo en familia y compartirlo todo, ver cómo lo disfrutan otras personas, igual que nosotros”.
Fuente original: www.nationalgeographicla.com (publicado el 15 de diciembre de 2025)
Foto: Edgar Henríquez, LC en Unsplash




