Devoción guadalupana renueva su expresión en la Basílica de Antiguo Cuscatlán

Una tradición que trasciende fronteras

La Basílica Virgen de Guadalupe en Antiguo Cuscatlán se convirtió nuevamente en epicentro de la fe católica este 12 de diciembre, recibiendo a miles de devotos que desde la víspera formaron largas filas portando ofrendas florales, veladoras y símbolos de agradecimiento. La celebración conmemora las apariciones de la Virgen María al indígena Juan Diego en el Tepeyac, México, ocurridas entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, evento fundacional para la devoción mariana en América Latina.

Testimonios de fe y gratitud

Entre la multitud, destacan historias personales que reflejan la profundidad de esta devoción. Ángela Muñoz viajó expresamente desde Los Ángeles, Estados Unidos, para agradecer lo que considera un milagro: recuperar la capacidad de caminar tras un mes postrada en cama. «Mi recuperación fue respuesta a la intercesión de la Virgen», afirmó la devota mientras depositaba su ofrenda. Similar convicción muestra Santos Piches, quien por más de una década ha cumplido la promesa de traer a su hija Jeniffer cada año, tradición iniciada cuando la niña tenía apenas seis meses.

Manifestaciones de devoción colectiva

El interior del templo presenta un cuadro de constante movimiento espiritual: familias enteras orando juntas, voluntarios organizando las ofrendas y feligreses colocando rosas a los pies de la imagen guadalupana. En los alrededores, el ambiente festivo se mezcla con el fervor religioso mediante la venta de recuerdos tradicionales como calendarios con la efigie de la Virgen. Particularmente conmovedoras resultan las expresiones de los más pequeños, quienes dejan sombreritos como ofrenda o escriben cartas depositadas entre las flores.

Promesas cumplidas y nuevas esperanzas

Carmen Pérez y Jorge Crespín visitaron el santuario para agradecer por haber sobrevivido a un grave accidente de tránsito. «Tenemos que venir. Estar vivos es suficiente motivo», compartieron mientras sostenían un ramo de flores. La familia Serpas también acudió en acción de gracias porque su nieta, nacida prematuramente a los seis meses de gestación, superó todas las expectativas médicas. «El primer lugar donde debíamos venir era aquí», expresó Adonay Serpas mientras avanzaba con su familia hacia el altar principal.

Celebración litúrgica continua

Las actividades religiosas se extendieron durante toda la jornada con eucaristías sucesivas, oraciones comunitarias y procesiones que mantuvieron vivo el espíritu de la festividad. Las ofrendas florales cubrieron completamente la base de la imagen mariana, formando un colorido mosaico de fe. Esta tradición, que ha trascendido generaciones en El Salvador, encuentra en La Ceiba de Guadalupe uno de sus escenarios más emblemáticos, donde cada rosa, cada vela y cada promesa narran historias personales que, colectivamente, tejen el manto de devoción guadalupana que caracteriza al pueblo salvadoreño.

Fuente original: www.elsalvador.com (publicado el 12 de diciembre de 2025)

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