La Diócesis de Ocaña, en el departamento colombiano de Norte de Santander, celebró el 16 de agosto los 315 años de la aparición de la Virgen de las Gracias de Torcoroma. La festividad, que comenzó el 7 de agosto con una novena, culminó con la traslación de la imagen desde su santuario en la montaña de Torcoroma hasta la Catedral de Santa Ana, donde se celebró la Misa central y una multitudinaria procesión.
Un llamado a la intercesión y la paz
En su homilía, monseñor Orlando Olave Villanoba, obispo de Ocaña, animó a los fieles a recurrir a la Virgen como intercesora ante Dios, especialmente en los momentos difíciles, como la violencia que afecta a la región por la presencia de grupos armados. El prelado mencionó un reciente incidente: la colocación de banderas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en vías de acceso a los corregimientos Agua de la Virgen y Pueblo Nuevo, así como la muerte de una persona cerca del santuario.
“Es un acto de insensatez, un acto de total insensatez, porque es un lugar sagrado para nosotros, y todos lo sabemos, pero como respuesta de este pueblo santo, se llenó hoy el santuario”, afirmó monseñor Olave. A pesar de las dificultades, el obispo subrayó que, en más de tres siglos de devoción, “la presencia de María ha estado ahí, incólume, mirándonos desde la montaña santa de Torcoroma, y nosotros mirándola, y esa mirada nos ha permitido sentir esa cercanía de Dios”.
Historia de la aparición
Según relata la Arquidiócesis de Bogotá, la aparición se remonta al 15 de agosto de 1711, cuando los hermanos Felipe y José Melo Rodríguez, hijos de una familia campesina, fueron enviados a talar un árbol para hacer una canoa. Al internarse en la montaña, encontraron un árbol que, a pesar de ser verano, exhibía flores fragantes y hermosas. Al cortarlo, la parte principal cayó por un barranco, y al día siguiente, al regresar con su padre Cristóbal, decidieron utilizar el árbol caído. Tras los primeros hachazos, “salió una luz y era la imagen de María Santísima la Virgen de la Concepción”, de medio relieve, con las manos sobre el pecho y una corona imperial, parada sobre una media luna.
La noticia se esparció rápidamente y los primeros milagros comenzaron a suceder. El vicario autorizó la veneración privada, y en 1716 el obispo Antonio de Monroy Meneses investigó los sucesos y aprobó oficialmente la aparición mariana.
La celebración de este año, en un contexto de violencia, se convirtió en un testimonio de fe y esperanza para los fieles, que renovaron su confianza en la protección de la Virgen y en la cercanía de Dios.
Fuente original: www.aciprensa.com (publicado el 17 de agosto de 2026)




