Un evento en el contexto de la reparación eucarística
El sábado 10 de agosto de 2024, en el marco de un rosario de postración ofrecido por las intenciones de Colombia y Venezuela, se desarrolló un evento descrito por los participantes como extraordinario en la parroquia San Joaquín, ubicada en el barrio Las Ferias de Bogotá. La jornada, organizada por el Cenáculo María Madre del Amor Perpetuo bajo la dirección del padre Juvel Zuluaga Agustino, religioso agustino recoleto, se realiza mensualmente con el carisma de la reparación a Jesús a través de la oración.
El desarrollo de los hechos según testimonios
Según relatos compartidos por la comunidad, cuando el padre Zuluaga ingresó en procesión con el Santísimo Sacramento para exponerlo en el altar, tanto él como varios asistentes percibieron que la hostia consagrada, contenida dentro de la custodia, presentaba un movimiento pulsátil. En respuesta, el sacerdote sostuvo la custodia frente a la congregación, estimada en más de 300 personas, mientras se iniciaban las oraciones. La fundadora del cenáculo, María Carolina López, guió las plegarias con voz entrecortada, según testimonios, ante un fenómeno que se habría prolongado por aproximadamente veinte minutos.
Continuación del acto litúrgico y segunda manifestación
Tras aquel primer episodio, el Santísimo fue colocado sobre el altar y se procedió con el rezo del rosario de postración, donde los fieles se postraban rostro en tierra ofreciendo cada misterio por las intenciones de las dos naciones. Al finalizar la oración, cuando el padre se disponía a reservar la Eucaristía, testigos afirmaron que la hostia volvió a latir con fuerza durante otros quince minutos. Siguiendo una inspiración atribuida a la fundadora, el sacerdote recorrió el recinto con la custodia antes de reservar el Sacramento y celebrar la Santa Misa, concluyendo la jornada hacia las dos de la tarde.
Reacciones y significado teológico atribuido
El padre Juvel Zuluaga, en declaraciones recogidas por la parroquia, expresó que los asistentes recibieron este evento como un signo del amor y la compañía de Dios para Colombia, Venezuela y el mundo entero. Subrayó la intención de que esta experiencia lleve a los fieles a valorar más el don de la Eucaristía y a reafirmar su fe. El fenómeno, rápidamente difundido en redes sociales, generó numerosas expresiones de conmoción y agradecimiento entre los fieles, quienes lo interpretan como una manifestación de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Fuente original: www.eltiempo.com (publicado el 12 de agosto de 2024)





