Un fenómeno que atrae a multitudes
El 19 de septiembre de 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó la declaración «A Rainha da Paz. Nota sobre a experiência espiritual ligada a Medjugorje». Este documento aborda uno de los fenómenos de supuestas apariciones marianas más multitudinarios de las últimas décadas, ocurrido en una pequeña localidad de Bosnia-Herzegovina. Las primeras alegadas visiones de la Virgen María, identificada como «Reina de la Paz», se remontan al 24 de junio de 1981, cuando seis jóvenes reportaron el suceso en un contexto regional marcado por la guerra.
Un pronunciamiento centrado en los frutos espirituales
La Nota del Vaticano no aprueba ni desmiente la autenticidad sobrenatural de las apariciones. En cambio, se centra específicamente en «la experiencia espiritual ligada a Medjugorje», es decir, en las peregrinaciones y el culto que allí se rinde a la Madre de Dios. El documento reconoce explícitamente el impacto positivo que el lugar ha tenido en la vida de numerosos fieles, destacando «un renacimiento espiritual» manifestado en una intensa participación en la Misa, el rezo del rosario, la adoración eucarística y numerosas reconciliaciones personales y matrimoniales.
El principio de discernimiento: «Por sus frutos los conoceréis»
Al enumerar estos frutos espirituales, la declaración eclesial aplica implícitamente el principio evangélico de discernimiento citado en el Evangelio de Mateo (7, 16-18.20): «Por sus frutos los conoceréis». La Iglesia valora que, independientemente del juicio final sobre los hechos, la experiencia de Medjugorje ha conducido a muchos hacia una vida sacramental más plena y una relación más profunda con Cristo. La Nota subraya precisamente la importancia de poner a Cristo en el centro de toda experiencia espiritual, señalando que los mensajes atribuidos a la Virgen en Medjugorje guían constantemente a los fieles hacia su Hijo.
La devoción mariana en su justa medida
El documento recuerda los fundamentos teológicos del culto mariano en la Iglesia Católica. María es objeto de una veneración especial (hiperdulía), por su participación única en el misterio de la Encarnación, pero la adoración (latría) se reserva únicamente a Dios. La devoción a la Virgen es, por tanto, secundaria e instrumental: está subordinada a la adoración divina y tiene como fin último conducir a los creyentes a Cristo. Este enfoque cristocéntrico ha sido, según analistas, decisivo para la valoración positiva contenida en la Nota.
Prudencia eclesial y camino por delante
La Santa Sé mantiene una actitud de prudencia característica en estos procesos. Las posibles revelaciones privadas, aunque puedan ser auténticas, no forman parte del depósito de la fe y un católico no está obligado a creer en ellas. La Iglesia estudia con detenimiento su conformidad con la doctrina y los frutos que generan, un proceso que puede extenderse por décadas, como ocurrió con Lourdes o Fátima. La declaración actual afirma que «pueden existir opiniones divergentes sobre la autenticidad de algunos aspectos del fenómeno», pero considera innegables las conversiones y decisiones de renovación espiritual ocurridas. Este «nim» o punto intermedio no es una aprobación, pero sí un indicio auspicioso de que Medjugorje se consolida, ante los ojos de la Iglesia, como un lugar de encuentro con la Reina de la Paz y con Cristo.
Fuente original: observador.pt (publicado el 28 de septiembre de 2024)



