Ciudad Eten conmemora milagro eucarístico del Divino Niño tras más de tres siglos

Un prodigio que perdura en la fe popular

En la región de Lambayeque, al norte de Perú, el municipio de Ciudad Eten conserva con fervor la memoria de un acontecimiento extraordinario ocurrido en 1649. Según la tradición católica, el 2 de junio de ese año, vísperas de la solemnidad de Corpus Christi, durante la oración comunitaria en la parroquia local, la imagen del Niño Jesús se manifestó visiblemente en la hostia consagrada. El presbítero Jerónimo y los fieles presentes atestiguaron la aparición de la figura infantil con rizos castaños.

Segunda manifestación y consolidación de la devoción

La prodigiosa presencia se repitió el 22 de julio del mismo año, coincidiendo con la festividad de Santa María Magdalena, patrona del lugar. En esta ocasión, testigos describieron la gradual materialización de una sombra o silueta en la sagrada forma, que luego adquirió contornos nítidos del Divino Niño, ataviado –según algunas crónicas– con indumentaria en tonalidades moradas. Estos sucesos dieron origen a la veneración del Divino Niño del Milagro, culto que ha caracterizado la identidad espiritual de la localidad durante más de tres centurias.

Testimonio episcopal y celebración contemporánea

En una entrevista concedida en marzo de 2024 al canal Orbe 21, monseñor Robert Prevost, entonces obispo de Chiclayo, compartió con visible emoción el impacto perdurable de este milagro eucarístico. Destacó cómo la diócesis celebra Corpus Christi con masivas procesiones que congregan a miles de devotos, aunque adaptadas en los últimos años por consideraciones sanitarias y logísticas. En Ciudad Eten, la conmemoración se extiende entre junio y julio, integrando actividades litúrgicas y populares.

Peregrinación como signo de misericordia

Un ejemplo elocuente de esta vitalidad devocional ocurrió en 2024, cuando la Hermandad del Divino Niño del Milagro organizó una peregrinación a pie desde Ciudad Eten hasta Chiclayo, recorriendo aproximadamente 16 kilómetros. La imagen sacra fue llevada en andas, con paradas programadas en hospitales, parroquias y centros de salud. «Visitando los enfermos y manifestando también ese amor divino, esa presencia del Señor en aquellos lugares donde el personal de salud vive y expresa esa misericordia divina», explicaba monseñor Prevost. Añadió que «Cristo se manifiesta de modo especial entre los que sufren, y esta imagen del Divino Niño ha sido un signo claro de su presencia misericordiosa».

Eco de fe en el presente

En instituciones como los hospitales Las Mercedes y Almantor, pacientes y trabajadores recibieron la visita con muestras de profunda gratitud y emoción. Más de 375 años después de las apariciones, la comunidad de Ciudad Eten y la Iglesia local perciben en este legado un testimonio palpable de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. La continuidad de las peregrinaciones y la adhesión popular reflejan cómo un acontecimiento del siglo XVII sigue iluminando la fe y alimentando la caridad en el Perú contemporáneo.

Fuente original: es.gaudiumpress.org (publicado el 3 de junio de 2025)

Foto: Sebastian Deza Carcovich en Unsplash

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